Hoy no ha sido un día cualquiera, aunque aparentemente lo haya parecido. Hoy ha sido, oficialmente, mi último día de clase y entrega de notas.
Cuando finalicé mi diplomatura en Turismo no tenía las mismas sensaciones que tengo el día de hoy: tengo esperanzas, tengo ilusiones y veo futuro. A pesar de alguna mala experiencia en el ciclo, quiero quedarme con lo bueno. Con las grandísimas personas que he conocido, con que voy a tener un título que certifica que ya soy esteticista (que eso ya, de por sí, te abre mil puertas que una diplomatura en turismo, abstracta y disfuncional, no te da), los conocimientos adquiridos, descubrir que el mundo de las uñas me apasiona, y que las higienes y las depilaciones, asignaturas odiadas, han resultado ser las más provechosas y con las que más he aprendido.
Quiero creer que la formación impartida en ciclos formativos es de buena calidad, pero todo depende del cristal con que se mire. En mi caso particular, ciertas alumnas con cero ganas de trabajar, aportar y mejorar en su vida personal y laboral, y alguna profesora con ganas de formar en función de cómo se levantase. Al parecer, y como digo, todo depende del cristal con que se mire, y todas las alumnas, generaciones y clases no somos iguales, y se tratan a unas de manera distinta de las otras, en conjunto, incluyéndonos a las que sí queríamos aprender y crecer.
Nunca he sido una persona que se califique con una nota numérica, desde pequeña siempre se me ha inculcado el ir a por el 10, aunque desde hace años es algo que tampoco me preocupa mucho. Lo que sí me molesta es que, según la vara de medir, se califique con una nota más alta o más baja en función de si caes mejor o peor, o si haces la pelota más o menos. Muy triste, pero la vida es así, oye. No todo el mundo quiere justicia e igualdad.
A pesar de mis notas, como he dicho, quiero quedarme con lo bueno: con que ahora tendré un 30% de descuento en MAC, más descuentos como profesional en tiendas al por mayor de estética y peluquería y, más allá de los descuentos, que es algo suculento, que voy a poder ganarme la vida, de manera ajena o autónoma, de lo que he visto que me gusta y me llena. Y lo mejor, es que considero que no se me da mal del todo, y que quiero, por todos los medios, mejorar en este campo.
Tener una carrera está bien, eso dicen. No opino igual. No soy más lista, ni sé más cosas por tener una carrera. Ojalá hubiese tenido una vocecilla aquel día que decidí hacer el selectivo y sacarme una carrera y me hubiese dicho: los ciclos formativos están muy bien! Pero si no hubiese pasado por la carrera no hubiera pasado por momentos tan especiales de mi vida como dar clases a niños (y descubrir que se me da muy bien y me tenía que haber decantado por la formación) y que, mientras acababan los ejercicios descubrí un vídeo de Aishawari que cambió mi vida, de un Erasmus en Finlandia que me recluyó en mi habitación y me hizo aprender mucho del mundo del maquillaje (y conocer a maravillosas personas repartidas por la geografía española y mundial), descubrir el marketing... No lo cambio, pero a día de hoy podría estar trabajando años y años, como amigas mías que estudiaron ciclos, y no buscándome la vida como una perra.
En fin, desde hoy, tenéis esteticista, maquilladora y técnica en uñas para rato. Quien quiera, que me regale una camilla LOL.
Un saludo, y gracias por seguir ahí en todo momento. Y gracias también a las nuevas incorporaciones.







